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Parques y reservas naturales en Cantabria y norte de España

Del robledal primitivo de Muniellos a las tejedas milenarias de la Montaña Palentina, la cornisa cantábrica guarda algunos de los bosques mejor conservados del sur de Europa. Es una tierra de montañas verdes, valles glaciares y árboles con siglos a la espalda, protegida por una red de parques y reservas que van desde Cantabria hasta Asturias, León y Palencia. Esta guía recorre los espacios naturales que merece la pena conocer, su flora y cómo visitarlos sin dejar huella. Si lo que buscas es ver animales, tenemos una guía aparte sobre dónde ver fauna salvaje en Cantabria; aquí el protagonista es el paisaje.

Qué es un espacio natural protegido

Antes de ponerte en marcha, conviene saber qué significan las figuras que verás en los carteles, porque cada una implica unas normas distintas. Un Parque Nacional es la máxima protección del Estado: se transita solo por sendas homologadas y la pernocta se limita a los refugios. Un Parque Natural lo declara la comunidad autónoma, permite los usos tradicionales como la ganadería y suele tener centros de interpretación y rutas señalizadas. Una Reserva Natural protege algo especialmente raro o frágil, y por eso el acceso puede estar restringido a un cupo diario. La Reserva de la Biosfera es un reconocimiento de la UNESCO que busca conciliar la naturaleza con la vida de los pueblos. Y la Red Natura 2000 (con sus ZEPA y ZEC) es la red europea que ampara los hábitats y especies más amenazados, con restricciones puntuales en época de cría o floración.

Los espacios naturales de Cantabria

Parque Natural Saja-Besaya

Es el mayor parque natural de Cantabria y conserva una de las masas de bosque autóctono más continuas del norte de España. Los robledales cubren los valles bajos y van cediendo el paso al hayedo según ganas altura, hasta las acebedas y los abedulares de las cotas altas. En su corazón está Bárcena Mayor, el único pueblo habitado dentro del parque, con su arquitectura montañesa intacta. El centro de interpretación queda cerca de la localidad de Saja, y el mirador de La Cardosa, en la carretera CA-280, es parada obligada para asomarse al mar de árboles. En otoño, cuando brama el ciervo y los hayedos del puerto de Palombera se tiñen de ocre, es cuando más impresiona; hablamos de ello en la guía del Parque Natural Saja-Besaya.

Parque Natural Collados del Asón

En la montaña oriental, en el municipio de Soba, este parque es un paisaje de caliza esculpida por los glaciares y el agua. Conserva hayedos calcícolas muy puros y, en las paredes soleadas, encinares relictos de aire mediterráneo. Su gran postal es la cascada del Cavedón, una surgencia que brota de la roca con más de cincuenta metros de caída y da origen al río Asón. La primavera, con el deshielo, es cuando baja con más fuerza. El centro de interpretación está en La Gándara de Soba.

Los Picos de Europa por Liébana

La vertiente cántabra del Parque Nacional de los Picos de Europa se adentra por la comarca de Liébana, en los municipios de Camaleño, Cillorigo y Tresviso. Aquí el microclima abrigado por las cumbres permite que convivan encinas y alcornoques con robledales y hayedos de alta montaña. La puerta de entrada es Fuente Dé y su teleférico, que en cuatro minutos te sube a los Puertos de Áliva. Como Liébana da para un viaje entero, le hemos dedicado una guía completa de la comarca.

Los grandes parques de Asturias

Parque Natural de Somiedo

Somiedo fue el primer parque natural de Asturias y es Reserva de la Biosfera desde el año 2000. Su paisaje de origen glaciar, con lagos de montaña y brañas de pastoreo salpicadas de teitos —las cabañas de piedra con techo vegetal de los vaqueiros—, es de los más auténticos de la cordillera. Una cuarta parte del parque es bosque, entre hayedos, robledales y abedulares, y en sus laderas vive cerca de la mitad de todos los osos pardos de la Cordillera Cantábrica. El centro de recepción está en Pola de Somiedo, con una sala dedicada al oso.

Reserva Natural de Muniellos

Muniellos es el mayor robledal de la península y uno de los bosques maduros mejor conservados de Europa, una cápsula del tiempo de cómo era el Cantábrico hace siglos. Precisamente por eso su acceso está muy limitado: solo pueden entrar 20 personas al día. El permiso es gratuito, lo gestiona el Principado de Asturias y se solicita a partir del 15 de diciembre para el año siguiente, así que las fechas buenas vuelan; la entrada y la salida se hacen por el punto de control de Tablizas. Puedes ver el detalle en la web oficial de Muniellos. La ruta completa ronda los 20 kilómetros, y el otoño, con los robles y abedules encendidos, es el momento soñado.

Parque Natural de Redes

También Reserva de la Biosfera, Redes ocupa la cabecera del río Nalón y es el reino del haya: hayedos maduros hasta donde alcanza la vista, mezclados con acebos y tejos en los cañones más umbríos. Su rincón más famoso es el Tabayón del Mongayu, una cascada de sesenta metros de caída a la que se llega andando desde Tarna. A finales de octubre, cuando el hayedo cambia de color, no hay mucho más bonito en Asturias.

Parque Natural de Ponga

En el sureste asturiano, Ponga es puro relieve salvaje: crestas calizas, valles cerrados y desfiladeros. Guarda el hayedo de Peloño, más de mil quinientas hectáreas de bosque continuo que pasan por uno de los mejor conservados de España. Los desfiladeros de Ponga y de los Beyos, este último un cañón de doce kilómetros que comparte con León, rematan un paisaje de vértigo.

La montaña de León y Palencia

Fuentes Carrionas y la Tejeda de Tosande

El parque natural de la Montaña Palentina reúne cumbres calizas emblemáticas como el Curavacas y el Espigüete. Su joya botánica es la Tejeda de Tosande, una de las mayores concentraciones de tejo de Europa occidental, con ejemplares centenarios y milenarios escondidos dentro de un hayedo. Se recorre por un sendero circular señalizado, y conviene ir en otoño: cuando el haya pierde la hoja, los tejos, siempre verdes, se ven mucho mejor. Está terminantemente prohibido salirse del camino para no pisar sus raíces.

Covalagua y Las Tuerces

Al noreste de Palencia, dentro del Geoparque de la UNESCO Las Loras, estos dos monumentos naturales son un festival de formas kársticas. En Covalagua, el agua brota de la roca, forma una cascada y esconde la Cueva de los Franceses, repleta de estalactitas; su mirador de Valcabado se asoma a media Castilla. Las Tuerces, muy cerca, es un laberinto de callejones y bloques de piedra tallados por el agua durante millones de años.

Los Picos leoneses y la Ruta del Cares

La vertiente leonesa de los Picos, en Oseja de Sajambre y Posada de Valdeón, es tierra de hayedos, pastos de altura y del célebre queso azul de Valdeón. Aquí está la Ruta del Cares, la «garganta divina», una senda excavada en la pared caliza que une Caín con Poncebos, ya en Asturias. Es una de las rutas más espectaculares de España, con centros de visitantes en Oseja y en Posada de Valdeón para preparar la jornada.

Riaño y Mampodre

Este parque regional leonés, fronterizo con Asturias, Cantabria y Palencia, esconde el Pinar de Lillo, el mejor reducto de pino silvestre autóctono de toda la cordillera, y un sabinar singular en las laderas calizas de Crémenes, uno de los más norteños de la península. La casa del parque está en Lario.

Los Ancares Leoneses

En el extremo noroeste de León, esta Reserva de la Biosfera de transición entre lo atlántico y lo mediterráneo conserva melojares, castañares centenarios y abedulares de montaña. Su seña de identidad son las pallozas, las viejas casas de planta ovalada y techo de paja que aún se conservan en pueblos como Balouta o Pereda.

La flora del norte: los bosques que hay que ver

Si algo distingue a la cornisa cantábrica es su vegetación. Aquí se cruzan el mundo atlántico y el mediterráneo, la caliza y la roca ácida, la umbría y la solana, y de ese cruce nace una variedad de bosques que pocos sitios tienen.

El bosque atlántico

El protagonista es el hayedo, que busca las laderas húmedas y umbrías entre los 800 y los 1.500 metros; su sombra es tan densa que bajo las hayas apenas crece nada. En suelos más ácidos y bien drenados manda el roble albar, cuyo mejor ejemplo es Muniellos. Por encima del bosque, donde el frío ya no deja crecer a hayas ni robles, resisten los abedulares, pioneros y aguantadores. Y en las laderas templadas de baja altura aparecen los castañares, muy presentes en el Bierzo y los Ancares.

Árboles singulares

Algunas especies forman auténticas reliquias. El tejo, un árbol lento y longevo que suele vivir a la sombra de otros, forma en Tosande uno de esos rodales monumentales que quitan el sentido. El acebo, cuando la presión del ganado o el clima aprietan, se cierra en bosquetes que sirven de refugio a la fauna durante las nevadas. Y el sabinar de Crémenes es una rareza xerotérmica, un superviviente de épocas frías y secas encaramado a la caliza.

El otoño en la cordillera

Hay una época en la que estos bosques se vuelven el espectáculo: el otoño. El cambio de color empieza a mediados de octubre en las cotas altas y alcanza su punto álgido entre finales de octubre y la primera quincena de noviembre. Si tuviéramos que elegir tres sitios para vivirlo, serían el hayedo de Peloño en Ponga, los hayedos de Redes y el puerto de Palombera en el Saja-Besaya.

Joyas escondidas: turberas y helechos relictos

Más allá de los grandes bosques, la cordillera guarda tesoros pequeños. Las turberas de esfagnos, esos suelos encharcados y ácidos, albergan plantas tan curiosas como la carnívora rocío del sol, que atrapa insectos para sobrevivir en un terreno pobre. Y en los cañones más húmedos y templados, como el desfiladero de La Hermida o el de los Beyos, sobreviven helechos gigantes de origen tropical, reliquias vivas de cuando aquí crecía la laurisilva, hace millones de años.

Cómo visitarlos de forma responsable

Estos paisajes aguantan cada año más visitas, y cuidarlos está en nuestras manos. Camina siempre por las sendas señalizadas: salirse del camino compacta el suelo y arruina la vida que crece bajo el bosque, algo especialmente delicado en sitios como la tejeda de Tosande o en las reservas donde está prohibido. Respeta los cupos y permisos, como el de Muniellos. Lleva a los perros atados, porque sueltos espantan a la fauna y pueden acabar mal con los mastines de los rebaños. No enciendas fuego en ningún caso, ni siquiera en las áreas recreativas. Y no te bañes en las lagunas y ríos de montaña: además de estar prohibido en muchos parques, altera el agua y perjudica a anfibios y nutrias. La norma es sencilla: llévate solo fotos y recuerdos.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta permiso para visitar Muniellos?

Sí. Solo entran 20 personas al día. El permiso es gratuito, lo da el Principado de Asturias y se solicita desde el 15 de diciembre para el año siguiente. Las fechas más demandadas se agotan enseguida.

¿Dónde ver los mejores hayedos en otoño?

Peloño (Ponga), los hayedos de Redes y el puerto de Palombera en el Saja-Besaya son de los mejores. El color llega a su máximo entre finales de octubre y mediados de noviembre.

¿Qué diferencia hay entre parque nacional y parque natural?

El parque nacional tiene la máxima protección estatal y normas más estrictas; el parque natural lo declara la comunidad autónoma y permite usos tradicionales como la ganadería, con más equipamiento para el visitante.

¿Cuál es el mejor espacio para ir con niños?

Somiedo, con sus lagos y brañas, y Covalagua con la Cueva de los Franceses son cómodos y vistosos. En Muniellos hay un paseo corto adaptado junto al río, ideal para familias.

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